Entrevista a José Bercetche, autor de Educar y cuidar hacia la igualdad

Marga Gutiérrez del Arroyo

 

¿Qué temas trata el libro?

Educar y cuidar hacia la igualdad es una indagación en los aprendizajes más importantes que ofrecen los primeros diez años de la infancia. Aprendizajes tanto de los niños y las niñas, como de sus cuidadores, ya sean padres, madres, abuelos, maestros, monitores o canguros. Y al reflexionar sobre la educación temprana, se hacen evidentes las desigualdades culturales con las que asumimos nuestra responsabilidad de educadores.

¿Es un libro de teoría o de aplicación práctica?

Es un ensayo de divulgación de aplicación práctica. Aunque incluye teorías de Jean Piaget, de John Bowlby, de María Montessori y de otros autores, están bajadas a tierra mediante anécdotas de mi experiencia, permitiendo una reflexión profunda, pero no académica. No es un libro de instrucciones acerca de la lactancia, ni un manual para que el alumnado preste más atención en la clase, sino una investigación para poder desarrollar un vínculo más profundo con los niños, siendo conscientes de los insoslayables aspectos de género que imponen.

En el libro dices que “el patriarcado y el feminismo son el contexto de la crianza”. ¿A qué te refieres?

Educamos inmersos en una cultura en la que «se espera» un determinado comportamiento de los padres y otro de las madres. En la España contemporánea el papel del hombre y el de la mujer tienen mucha letra pequeña que revelan grandes desigualdades. Es necesario hablar de ello, para no caer en los supuestos tradicionales en los que las responsabilidades se preasignan de antemano, sin revisar los principios básicos de igualdad.

¿Entonces es un libro feminista?

El libro pone el foco en los desequilibrios que plantean el cuidado y la educación de los niños, mirados particularmente desde el punto de vista de un hombre. La figura masculina en la educación temprana no está tan estudiada y esto tiene serias consecuencias de género, especialmente para las mujeres y los niños, pero también para los hombres. Es un libro que argumenta a favor de la igualdad de derechos y la corresponsabilidad en la crianza, el cuidado y la educación.

Hablando de género, ¿puede un padre cubrir la función materna de criar un hijo?

Un padre nunca reemplaza a una madre, de la misma manera que una madre no reemplaza a un padre. Cada persona, cualquiera sea su sexo, tiene sus capacidades y sus limitaciones, así que lo que pueda hacer cada uno dependerá de cada caso individual. Pero con educación podemos trascender el miedo que pueda inspirar la diversidad y emanciparnos de una agenda marcada por las diferencias anatómicas que ha generado injusticias durante demasiado tiempo.

¿Es una moda reivindicar por parte de los hombres la opción de criar a los hijos o es la evolución natural de nuestro pensamiento moderno?

Creo que, lejos de ser una moda, visibilizar la responsabilidad de los hombres como cuidadores a largo plazo, tanto de la casa como de los hijos, es una necesidad mundial urgente. El libro no defiende el protagonismo de los varones en la crianza y en la educación de una manera aislada o a expensas de las mujeres, sino como parte de un sistema descompensado en el que hoy sufrimos todos, incluso los hombres, pero especialmente las mujeres y los niños.

¿Qué lugar ocupa el cuidado infantil en nuestra cultura occidental?

No todos los países le dan la misma importancia al cuidado de los niños. En España, por ejemplo, aunque se destaque «el valor de la familia», en muchos casos es pura retórica, porque luego la conciliación es una quimera y apenas tenemos tiempo para estar con los peques. Y no hay que olvidar que, después de la baja, cuidar a los hijos es siempre un trabajo no remunerado. El aumento de los permisos igualitarios no transferibles de paternidad y maternidad sería un paso fundamental.

¿Por qué destacas la importancia de los primeros meses?

Muchos piensan que la educación en valores que necesitan nuestros hijos llegará en la escuela. Pero en Educar y cuidar hacia la igualdad explico que la asimilación de conceptos fundacionales para cualquier persona, como son el sentido de la seguridad, el respeto, la libertad, la justicia, la igualdad y la empatía, empieza desde el nacimiento. Es entonces cuando más tenemos que estar presentes, especialmente los hombres.

¿Cómo se puede fomentar un apego seguro en los niños y potenciar a la vez su autonomía desde su nacimiento?

La paradójica regla del apego es que para mejor soltarse después, hay que aferrarse bien al principio. Es decir que la autonomía funcional y moral que tendrán los niños en su juventud dependerá en gran medida de un buen arraigo durante los primeros tres años. Y ese vínculo no dependerá de la lactancia o del número de juguetes, sino de la cercanía afectiva de los cuidadores. Los hombres necesitamos asimilar la noción de que nuestra presencia afectiva continuada durante los años más vulnerables de la infancia, cuando se fragua el apego, es esencial.

En los talleres y en consulta con parejas, ¿cuáles son los temas de educación más frecuentes?

En mi experiencia el tema estrella son los límites. Tanto con padres y madres como con educadores, las mayores dificultades aparecen al tener que poner coto a la energía vital de niños y chavales que crecen en una cultura que promueve la idea de que «ser feliz es tenerlo todo». El arte de poner límites es hacerles saber que esto no es así, sin recurrir a los palos y a las zanahorias. Desde que nacen, niñas y niños deben aprender que la libertad en casa, en el aula o en el mundo, se define con límites respetuosos. Y ese aprendizaje es la base de la igualdad.

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